Sin que te dieras cuenta

No estábamos compartiendo la misma charla pero no pude evitarlo. Te miré por entre los hombros de las personas que estaban contigo. Reías despreocupadamente e hiciste que sonriera yo también sin querer.
Simulé estar concentrada en alguna otra cosa y finalmente hasta me terminé convenciendo a mí misma de ello. Por unos minutos me olvidé de ti. Al tiempo levanté la vista y estabas mirándome fijo. Inclinaste tu cabeza saludándome, a lo que te respondí de igual manera. Recuerdo que pensé que eras lindísimo.
De todas maneras no te preocupes, nunca me gustaron los lindos.

No sé cómo sucedió pero comenzaron a aparecer cada vez más excusas para hablarte. Tuve miedo de ser la típica que mientras te conversaba se acomodaba el cabello a modo de coqueteo. La intensidad con la que me mirabas mientras charlábamos lograba incomodarme un poco.
Particularmente nerviosa me ponían tus largos silencios, hasta que descubrí que eran lapsos en los que pensabas exactamente qué querías responder. Así que comencé a tolerar esos vacíos esperando una no tan brillante respuesta. Y curiosamente me sorprendiste para bien.

No me lo propuse conscientemente, o tal vez sí pero no me creía capaz de lograrlo. Te quería enamorar, probablemente por ser lindo. Y así como te enamorarías de mí, yo misma planeaba despreciar tu Amor.
Por lo visto vos tenías otros planes para mí.
El día que no te vi te extrañé. Estaba todo dicho.

Empezaste tomándome de las manos, luego tus manos se pasearon por mis brazos… hasta que finalmente, sujetándome bien fuerte, me tironeaste para que te diera un beso. Porque los lindos también pueden ser tímidos. Y vos necesitabas que yo te diera el beso, al menos ese primer beso que se hizo esperar casi como un juego entre nosotros dos.

Mientras te besaba me preocupé de pensar cómo te saludaría al volver a vernos. Pocas veces dejo las cosas libradas al azar y no quería que esta fuera una de ellas.
Cuando nos despedimos me quedé sentada esperando que reapareciera tu imagen en el reflejo del ventanal, así no me daba vuelta a mirarte. Esos minutos en los que demoraste en reaparecer decidí que definitivamente haría que la próxima vez quisieras que te besara nuevamente, sin que te dieras cuenta.

Capturador de sonrisas

Dudé varias veces de mi cordura. La risa desmedida y fuerte, la exaltación en público y sobre todo la desvergüenza al momento de mostrarme tal  y como soy.
Y en eso abrí los ojos teniendo mi nariz que se escabullía en tu cuello mientras que mis piernas atinaban a retenerte acostado a mi lado.
Me dijiste algo que hirió mi orgullo y fue lo mismo que me hizo reír con cierto recelo.
Como te dije varias veces: detesto que me hagan reír cuando estoy ofendida, no mantener la seriedad y perder la autoridad de reclamar algo que me hizo enojar me frustra rotundamente.
Y ahí estabas mirándome, con tu sonrisa que por cierto es encantadora, y tus ojos que se esconden debajo de unos recaídos párpados que te dan esa tierna mirada.
Arranqué un pastito y comencé a pasártelo cerca de tus labios para generarte un irritante cosquilleo.  Molestarte, como siempre, es todo un placer.
Me encontré sonriéndole a tu sonrisa. Tu facilidad para no preguntarte los porqué de las cosas y saber aceptar un simple ‘¿querés?’ hizo que descreyéramos de las casualidades.
Qué lindo es encontrar a alguien igual de loco que uno.

Valparaíso, Chile – Dic. 2011

Flashback

Esto lo escribí hace mil años, cuando todavía estaba en el colegio. Obviamente tiene muchos chistes internos pero creo que para las entendidas va a ser divertido releerlo. (El mío me lo escribió Trova)

 

Dini: Personalidad y carácter, como dirían en las películas: “un hueso duro de roer.” Mi mano izquierda, asumió el cargo sin chistar. Chica práctica y hábil con el uso del hilo y la aguja. Presencia y constancia la caracterizan en su desempeño. Humor peculiar al momento de tratar temas importantes como: este finde fiesta en tu casa con los amigos de Dari. Muchos la consideran ortiva, otros prefieren abstenerse a posible opinión ya que temen una posible reacción violenta de parte suya, más que reacción una mirada. Su apodo nació en Febrero del 2006, ese apodo que nos irradia fortaleza y una imagen de grandeza, es simplemente: DINI.

Trova: Amabilidad y cordialidad. Es la más responsable al momento de sentarse a mi derecha en La Shuly: música relativamente baja, atenta al cruce de los peatones y al zigzagueo de las motitos de los deliverys. Es un abanico en temas de conversación. Persona muy abierta, siempre predispuesta a intercambiar opiniones con otros. Su filosofía, Los Simpson, su pasión, Harry Potter, y su trauma, la bruja de Blancanieves. Muy aprehensiva a su hogar, presenta dificultades al momento de “despegarse”. Inició terapia hace poco, y llegó a la conclusión que ella es del estilo “intelectual”. Ella no está para perder el tiempo, aunque sabe muy bien como perderlo cuando llega el momento de sentarse a estudiar. Su ejercicio: ir caminando hasta la cocina y abrir la heladera. Su casa, mi casa, nuestra casa.

Sofai: Esfuerzo y simpatía. Es la chica “10” de la clase. Siempre preparada,  llega al colegio con la mano levantada. Ella incondicionalmente tiene la respuesta, no obstante todavía no pudo responder al interrogante de su vida: Papu, Pato o Dari? Despliega plumas al caminar y flashea a más de uno con su sonrisa. Baila como los dioses al ritmo de: What You Waiting For? Aproximadamente a las 22.30 se nos duerme ya que madruga para repasar los capítulos que leyó y estudió unas 20 veces el día anterior. Deportista de alma, corre alrededor de mi futura residencia. Vive en una casa que presenta problemas con las cañerías, nunca hay agua, nunca se ducha. La entendemos, inconvenientes con su  rebelde cabellera. Caracterizada por su nerviosismo constante se desvela pensando que debe adelantar su lectura que le servirá para la facultad. Ella tomará el legado de la Giuliani y estudiará Astronomía en La Plata, de ser así, nos estamos viendo.

Manu: Versatilidad y pasión. Después de verla de conejita estamos preparadas para salir y enfrentar el mundo. Buena administradora de su tiempo, sabe repartirse y estar presente en los momentos que pueden llegar a ser los más memorables de la Secta. Habilidad en la natación, ahorra electricidad en el uso del secador de pelo, y utiliza simplemente el viento parada al borde de la pileta. Conoce el verdadero dolor, luego de un gran panzazo. Disfruta de la buena vida, al mejor estilo Jessica Simpson. De vez en cuando nos culmina con una profunda reflexión. Abusada por una mano en su trasero, y no hablo de la de Liano, quedó traumada. A no desesperar, pronto llegará el número de la terapeuta anteriormente mencionada, que cuando se entere ofrecerá su servicio. Tres es el día de su cumple, dos son los colegios, una Manu.

Maca: Alegría y torpeza. Hace lo imposible para llegar, y cuando uno piensa que está todo bien, ocurre la tragedia: se cae, tropieza o golpea, sin mencionar a la infinidad de víctimas que dejó en el camino. Se expresa libremente. No sólo demuestra confusión con su paso, sino también con sus ideas: ¿80 personas en el funeral del papa? A todo esto ella esboza una gran sonrisa que deja contentos hasta a los de La Quiaca que logran escuchar su particular risa. Su mundo: Mercedes. Cuna nacional de la cumbia. Siempre con la vanguardia en tema musical, Maca canta o, bueno,  eso intenta,  temas que parecen fuera de época o simplemente grasas, que al poco tiempo terminan siendo hitazos en los boliches más tops de Bs.As. Su lema “un tropezón no es caída”.

Cata: Sociabilidad y amistad. Valores fundamentales para poder comprender la realidad que la rodea. Al tratarse de conocidos de Cata: “El mundo es un pañuelo”.  Sus frases célebres sacadas de los años ’70 y ’80 le dan un toque de antigüedad y retroceso temporal. Su obsesión, los botones; es más conocida como Cata la Botona. Audaz, se ha cortado el pelo ella misma. Demostró tener un gran agujero en su cabeza, me abstengo a opinar exclusivamente de su cuero cabelludo. Manifestó gran destreza en el arte. Sin embargo no alcanza para que Cata deje de ser el blanco de las burlas (claro está que después de Sofi). Ella no vuela, pero navega. Tarea dura en invierno y tremenda en verano al tener que exhibir esas dos líneas en las piernas (producidas por el Sol). Fines de semana, feriados y hasta días de clases, ella desaparece. ¿Dónde está? Sencillo: haciendo sociales.

Vicky: Gracia y glamour. Vicky impacta con su presencia. Todos dirigen las miradas hacia ella. Uno de sus abrazos y quedarás contento por el resto de tu vida. Buena madre. Más de uno le ha gritado “mamita”. Gran imaginación al momento de escribir, Vicky puede usar tanto la s, c o z indistintamente en la misma palabra. Como buena leonina mantiene a las masas apaciguadas cantando al ritmo de Chris Morena y sus “girotos”. Persona de pocas palabras, muchas veces no sabe qué decir. Porrista de alma, sabe cómo alentarte al momento de arrancar un auto en pendiente. Todo está bien cuando estás al lado de ella. Su apellido le ha dado más de un dolor de cabeza, los típicos chistes o comentarios a los cuales se limita a delinear una sonrisa (no de las más lindas). Porque Vicky sabe entrar a tu corazón, y no Sale.

Ana: Risas y delirio. No es por nada que la elegimos líder de la secta. La chica de miles apodos (Anita, La Mery Shuly, Shuly, Gohidepú etc. etc.) nos guía constantemente. Adonde vaya, la seguimos, cuando habla escuchamos (y morimos de risa). Maneja nuestra vida y maneja el batimóvil de la secta: the one and only, La SHULY. Anita tendrá problemas para estacionar, pero se lo perdonamos porque nos alegra los días repetidamente con sus delirios, sus caras de “mal c——-“, sus “agarráme que la mato”, y su, ejem, amor (obsesión, fijación, como quieran llamarlo) por Pablito Aimar. La tenista de la secta, todavía no quiere aceptar que es una nerda y nos enoja diciendo cosas como: “no me da la cabeza” y “haría ingeniería pero no puedo”.  Igual todo el enojo se pasa cuando llora al son de “Y tan contenta” y cuando cuenta historias del estilo: Está en shojo, está en shojo! La líder es divertida, atenta, eficaz, graciosa y siempre dispuesta a ayudar a las demás. Eso sí: siempre y cuando no le haya agarrado la modorra y se esté durmiendo una siestita o se esté duchando. Nos opaca? Quizás. Bueno, sí, seguro. Pero no nos importa.

  

Segunda Cita

Hoy estuve pensando en lo extraño que es descubrir cosas nuevas en aquellos lugares que uno transita ciento de veces al año. Y no necesariamente porque alguien alteró el orden de los factores, sino aquellas cosas que son inamovibles y que sin embargo un día cualquiera, sin un motivo específico, uno decide prestarles atención de una vez por todas.
Me animaría  a decir que es un fenómeno que también sucede entre las personas. Esas personas que se tornan bellas con mirarlas por segunda vez. La incógnita reside en qué fue lo que sucedió para que la primera vez no se produjera ese interés o esa atracción. A esta altura de mi vida ya puedo decir que es común que me suceda querer ver a alguien por la calle que camina en sentido inverso, pero que mis pasos y los suyos sean tan parejos y al unísono que hacen que un árbol se interponga a lo largo de todo nuestro cruce, siendo imposible vernos las caras. Y puede que por ahí venga la respuesta.
Hay momentos en los que ciertas personas u objetos nos impiden llegar a establecer ese contacto visual con lo ‘nuevo’. Nuevo para nuestro entendimiento, pero no para este Mundo.

En mi caso fue el prejuicio y en el suyo la oscuridad de aquella noche.
Pasaron 6 meses desde que nos conocimos para que se decidiera a invitarme a salir.
Hay quienes dicen no besar hasta la segunda cita y quienes no conocen su propio deseo hasta entonces.

                                                                                      

                                                                                             Morro Corcovado, Río de Janeiro – Oct 2010

Trascender fronteras

Se puede estar cerca de diferentes maneras. Lo percibí cuando eligió el cantito de banco que quedaba a mi lado y no la silla que estaba del otro lado de la mesa, también cuando hizo frente a mi timidez y me hizo creer que lo quería besar. Como cuando me tomó por primera vez de la mano y caminamos un par de cuadras sin pensar en otra cosa que en nuestras manos unidas.
Pero esas no son más que las formas convencionales de estar cerca. Creo que sólo lo entendí al sentirme tan sola.
Mi mamá, mi papá, mi hermano, mi novio, mis abuelos, mis trovas, mi mari, mis amigos, mis primos, mis tíos, mis alfajores, mi dulce de leche, mi facultad, mi subte, mi barrio, mis libros, mi música, mi cama, mi almohada, mi ciudad… absolutamente todo quedó a varios kilómetros de distancia.
¿Será que confundí la lejanía con la soledad?
Y fue así cómo empecé a darme cuenta de que muchos de ellos estaban aquí conmigo. Comencé a disfrutar cada uno de los momentos en los que sentía melancolía por aquello que dejé. A veces uno se tiene que convencer de que los caminos que eligió en la vida, casi de manera predestinada, son los que uno mismo quiere para sí.
Y todo esto lo entendí cuando al despedirme de mis amigos, con los ojos a punto de demostrar mi propia debilidad, pensé que no sería feliz volviendo con ellos, porque no estoy sola. No ahora.

                                                        

                                                                                    Guarujá, Sao Paulo - 2010

camino a la par

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Desde el asfalto ya se veían buques de nubes apoyados sobre el horizonte del océano. Supongo que por ansiedad me quité las ojotas antes de llegar a la arena. Bajé una rústica escalera de madera y en el último escalón salté tímidamente.
Sí, definitivamente era como la recordaba. En mis pies afloraron miles de granitos de arena, dejando entrever el espacio que hay entre dedo y dedo.
Con mi mano derecha sostenía mis ojotas y estiré la izquierda para tomar la tuya.
Tu entusiasmo te alejó de mí y corriste hacia el mar, invitándome a seguirte. Dudé por un instante y luego de doblar mi jean hasta las rodillas, solté las ojotas y fui a tu encuentro. Te abracé por detrás, pasando mis brazos por tu cintura mientras te besaba la espalda. Permanecimos así por unos minutos, en silencio, mientras yo espiaba por sobre tu hombro un mar manchado de sombras según cómo decidieran disponerse las nubes con el Sol.
El viento era brisa y el Sol atardecer. Tus ojos eran Amor y el mar mi corazón.
Caminamos por la orilla intentando esquivar las pequeñas olas que querían alcanzar nuestros pies.
Cuando decidimos regresar descubrí pisadas en la arena, algunas que habían sido borradas por el mar. Pisadas que no reconocí como nuestras hasta que noté que eran simples huellas de dos personas que habían decidido emprender juntos un camino a la par.

cinco para el peso

Esto lo escribí hace un año y nunca lo publiqué. Simplemente quería que lo supieras: yo también te mentí.

Si me lo preguntaran ahora, debería confesar mi mentira.
Mentira que no lo fue en su momento, pero que comenzó a serlo con el tiempo.
Creí haberte declarado el máximo de lo que mi corazón era capaz de querer, y sin embargo te mentí.
Si ayer te quería tanto pero tanto, es que ya no sabría expresar cuánto es lo que te quiero ahora.
Y tal vez sea como aquellas personas que dicen ‘cinco para el peso’.
¿Será que siempre pueda quererte un poquito más?
Y es que en la finitud que delimita mi propio corazón encuentro un recoveco más para seguir descubriendo el sentimiento de esta infinitud.

Santa Catarina, Brasil 2010

espumante

Un baño de espuma, con burbujas y perfume por doquier.
Sumergida hasta el mentón, lograba soplar y hacer ruido con el agua. Disfrutaba apoyar simplemente la palma y sentir que el agua me dibujara un perfecto contorno al rededor de mi mano. Mis largos dedos acariciaban esa espuma al mismo tiempo que cada una de las diminutas burbujas explotaba librándoles espacio en el templado baño de espuma.
Contuve la respiración, cerré los ojos y me deslicé. El pelo parecía libre de gravedad y mi nariz ocultaba restos de aire.
Al asomar nuevamente la cabeza me percaté de mi mayor sensibilidad con respecto al aire, y mi pelo se desplomó sobre mis ojos y mi boca. Me los quité desprolijamente de la cara y refregué mis ojos en la toalla que estaba a mi lado. Doblé mis piernas dejando entrever mis rodillas entre el espumante baño, estiré mi pierna izquierda y con los dedos abrí la canilla de agua caliente intentando mantener la temperatura.
De repente no quedaba más espuma, sacudí el agua intentando generar nueva. Sólo aparecieron algunas burbujas propias del agua. No era más divertido.
Quité el tapón y el baño de espuma dejó de serlo luego del último remolino que hizo el agua de la bañera al vaciarse.

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La Pedrera (ruta) – Uruguay ’09

Fotos escrache. Hicimos dedo para volver de La Pedrera y nos levantó una pareja. La mujer nos recordó a María Riva y para las desmemoriadas les comento que viajamos con las bolsas de basura que llevaban en la parte de atrás jeje. La foto de Mari nos hizo reír durante horas. GRACIAS!

hard rock


Caminé decididamente, casi como marchando al ritmo de una buena canción.
Seguridad en mí misma era lo que me sobraba. Talón planta punta, talón planta punta.
El pelo jamás me cubrió la cara, el viento en contra me favorecía para eso que parecía una escena en la que yo era la protagonista.
El pulgar de mi mano derecha hurgaba en uno de los bolsillos de mi rotoso jean, mientras que el resto de la mano colgaba ante el abismo de mis firmes piernas.
Esa actitud rebotaba en el escote pronunciado, uno de esos mismos que habitualmente elijo lucir.
Sentí que tanto hombres como mujeres ese día habían decidido mirarme.
El público me aclamaba, lo escuchaba.
Salí al escenario luego de atravesar un largo pasillo.
Tomé la escoba y ahí mismo, en el patio del PH que nunca voy a lograr terminar de pagar, canté para toda esa audiencia sedienta de rock.

motorino

Foto vieja si la habrá.
Julio ’06 – Italia

colorín colorado

Diría casi que es una patología. El ser humano tiende a dejar lo mejor para lo último.
Aquí, en el hemisferio Sur, un gran ejemplo son las vacaciones de verano.
En las cenas son los postres, en las citas son los besos y en los cuentos los finales.

Y sin embargo hoy me encuentro frente a ti, con esos tus ojos que me demandan cariño, y me pregunto si acaso no habré roto con el esquema.
Si acaso no debería haberte conocido dentro de un par de años.
Si acaso no deberíamos haber pospuesto ese primer beso unos miles de días.
Si acaso no debería haber evitado enamorarme justamente de ti, hasta dentro de unas cuantas lunas nuevas más.

Pero nadie tiene la certeza de volver a encontrarse con una persona, y así como tú no crees en los astros, yo aprendí a no creer en las coincidencias.

mi cumple de 21 =)