Feb 8
camino a la par

Desde el asfalto ya se veÃan buques de nubes apoyados sobre el horizonte del océano. Supongo que por ansiedad me quité las ojotas antes de llegar a la arena. Bajé una rústica escalera de madera y en el último escalón salté tÃmidamente.
SÃ, definitivamente era como la recordaba. En mis pies afloraron miles de granitos de arena, dejando entrever el espacio que hay entre dedo y dedo.
Con mi mano derecha sostenÃa mis ojotas y estiré la izquierda para tomar la tuya.
Tu entusiasmo te alejó de mà y corriste hacia el mar, invitándome a seguirte. Dudé por un instante y luego de doblar mi jean hasta las rodillas, solté las ojotas y fui a tu encuentro. Te abracé por detrás, pasando mis brazos por tu cintura mientras te besaba la espalda. Permanecimos asà por unos minutos, en silencio, mientras yo espiaba por sobre tu hombro un mar manchado de sombras según cómo decidieran disponerse las nubes con el Sol.
El viento era brisa y el Sol atardecer. Tus ojos eran Amor y el mar mi corazón.
Caminamos por la orilla intentando esquivar las pequeñas olas que querÃan alcanzar nuestros pies.
Cuando decidimos regresar descubrà pisadas en la arena, algunas que habÃan sido borradas por el mar. Pisadas que no reconocà como nuestras hasta que noté que eran simples huellas de dos personas que habÃan decidido emprender juntos un camino a la par.
Ene 30
cinco para el peso
Esto lo escribà hace un año y nunca lo publiqué. Simplemente querÃa que lo supieras: yo también te mentÃ.
Si me lo preguntaran ahora, deberÃa confesar mi mentira.
Mentira que no lo fue en su momento, pero que comenzó a serlo con el tiempo.
Creà haberte declarado el máximo de lo que mi corazón era capaz de querer, y sin embargo te mentÃ.
Si ayer te querÃa tanto pero tanto, es que ya no sabrÃa expresar cuánto es lo que te quiero ahora.
Y tal vez sea como aquellas personas que dicen ‘cinco para el peso’.
¿Será que siempre pueda quererte un poquito más?
Y es que en la finitud que delimita mi propio corazón encuentro un recoveco más para seguir descubriendo el sentimiento de esta infinitud.

Santa Catarina, Brasil 2010
No commentsDic 28
espumante
Un baño de espuma, con burbujas y perfume por doquier.
Sumergida hasta el mentón, lograba soplar y hacer ruido con el agua. Disfrutaba apoyar simplemente la palma y sentir que el agua me dibujara un perfecto contorno al rededor de mi mano. Mis largos dedos acariciaban esa espuma al mismo tiempo que cada una de las diminutas burbujas explotaba librándoles espacio en el templado baño de espuma.
Contuve la respiración, cerré los ojos y me deslicé. El pelo parecÃa libre de gravedad y mi nariz ocultaba restos de aire.
Al asomar nuevamente la cabeza me percaté de mi mayor sensibilidad con respecto al aire, y mi pelo se desplomó sobre mis ojos y mi boca. Me los quité desprolijamente de la cara y refregué mis ojos en la toalla que estaba a mi lado. Doblé mis piernas dejando entrever mis rodillas entre el espumante baño, estiré mi pierna izquierda y con los dedos abrà la canilla de agua caliente intentando mantener la temperatura.
De repente no quedaba más espuma, sacudà el agua intentando generar nueva. Sólo aparecieron algunas burbujas propias del agua. No era más divertido.
Quité el tapón y el baño de espuma dejó de serlo luego del último remolino que hizo el agua de la bañera al vaciarse.

La Pedrera (ruta) – Uruguay ‘09
Fotos escrache. Hicimos dedo para volver de La Pedrera y nos levantó una pareja. La mujer nos recordó a MarÃa Riva y para las desmemoriadas les comento que viajamos con las bolsas de basura que llevaban en la parte de atrás jeje. La foto de Mari nos hizo reÃr durante horas. GRACIAS!
2 commentsOct 4
hard rock
Caminé decididamente, casi como marchando al ritmo de una buena canción.
Seguridad en mà misma era lo que me sobraba. Talón planta punta, talón planta punta.
El pelo jamás me cubrió la cara, el viento en contra me favorecÃa para eso que parecÃa una escena en la que yo era la protagonista.
El pulgar de mi mano derecha hurgaba en uno de los bolsillos de mi rotoso jean, mientras que el resto de la mano colgaba ante el abismo de mis firmes piernas.
Esa actitud rebotaba en el escote pronunciado, uno de esos mismos que habitualmente elijo lucir.
Sentà que tanto hombres como mujeres ese dÃa habÃan decidido mirarme.
El público me aclamaba, lo escuchaba.
Salà al escenario luego de atravesar un largo pasillo.
Tomé la escoba y ahà mismo, en el patio del PH que nunca voy a lograr terminar de pagar, canté para toda esa audiencia sedienta de rock.

Foto vieja si la habrá.
Julio ‘06 – Italia
Sep 20
colorÃn colorado
DirÃa casi que es una patologÃa. El ser humano tiende a dejar lo mejor para lo último.
AquÃ, en el hemisferio Sur, un gran ejemplo son las vacaciones de verano.
En las cenas son los postres, en las citas son los besos y en los cuentos los finales.
Y sin embargo hoy me encuentro frente a ti, con esos tus ojos que me demandan cariño, y me pregunto si acaso no habré roto con el esquema.
Si acaso no deberÃa haberte conocido dentro de un par de años.
Si acaso no deberÃamos haber pospuesto ese primer beso unos miles de dÃas.
Si acaso no deberÃa haber evitado enamorarme justamente de ti, hasta dentro de unas cuantas lunas nuevas más.
Pero nadie tiene la certeza de volver a encontrarse con una persona, y asà como tú no crees en los astros, yo aprendà a no creer en las coincidencias.

Ago 18
Caleidoscopio
No querÃa mirarte a los ojos porque sabÃa lo que pasarÃa a continuación.
Apoyé mi cabeza en tu hombro y oculté mi tristeza en mis ojos que ya se dejaban entrever algo vidriados.
Te tomé de la mano y entrelacé mis dedos con los tuyos. Hice un gran esfuerzo para fingir y sonreÃrte, de igual forma no me creÃste.
QuerÃa saltear esta vez la despedida. QuerÃa darle un tinte de cotidianeidad a ese saludo que era ya inevitable.
Casi instantáneamente busqué un vestigio de perfume en tu ropa y te abracé.
Levanté la mirada y dejé que echaras un último vistazo a través de mis propios ojos que te ofrecÃan esta vez dos caleidoscopios para que jugaras con ellos.

Jul 10
sentido único
Sumergà los pensamientos y los sentimientos por un tiempo.
Dejé que al subir la marea se los llevara en el sentido de la corriente. No me preocupé por saber dónde terminarÃan dado que tarde o temprano el Mar los recibirÃa.
Quedé despojada de las dos únicas cosas que me pertenecÃan en silencio, quedando finalmente yo misma en un inusual sigilo.
Al caminar extendà mi mano y rocé mis dedos a lo largo de todo el enrejado. Cuando sentà el cosquilleo y las yemas de mis dedos estaban adormecidas, apunté con mi Ãndice hacia el Sol.
Me senté y hundà mis pies hasta sentir el fondo fangoso del rÃo. Al quitarlos se desprendieron unas gotas que crearon miles de circunferencias circunscriptas que chocaban al expandirse.
Era vacÃo lo que sentÃa, traducido en un gran cansancio.
Tomé aquel almohadón que tenÃa una funda de terciopelo. Lo acaricié y noté que habÃa quedado la marca del paso de mi mano.
De pronto comprendÃ. Tomé velocidad y me zambullà en el medio del rÃo. Me dejé llevar como nunca en mi vida.
Por primera vez se correspondÃa la dirección de lo que hacÃa con lo que querÃa.
Era tan fácil como eso y me llevó 20 años descubrirlo: el sentido de lo que vivimos debe ser producto del sentido de lo que sentimos.

En el campo de Miche, julio ‘09. Escapando de la gripe.
Mar 18
CÃclope
                                                            
Supuse que era una actitud un tanto infantil, pero sentà curiosidad de verte mientras me besabas.
Abrà los ojos y te encontré muy cerca de mÃ, tanto que parecÃas tener un solo ojo, grande y bonito, con una única pero hermosa ceja.
Volvà a cerrar los ojos y a sentir propiamente el beso.
Sofoqué la ansiedad de mis manos en tu pelo, y les permità a mis dedos jugar con él. Me encogà de hombros intentando hacerte sentir que estaba entregada a ti. Después de todo me doblegaba, sin cuestionármelo más, a tu inmenso Amor.
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Al separarnos, me diste un último corto y ruidoso beso. Ese que a mà más me gusta. Permanecimos cerca uno del otro.
Me abrazaste con la mirada logrando arrancar mi mejor sonrisa.
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Me precipité y te besé nuevamente sin saber que de eso se trataban las despedidas.
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3 commentsFeb 22
Gotitas de Amor
Tomados de la mano, tu Ãndice dibujaba cÃrculos en mi arrugada palma.
Miraba por el vidrio estrellado de gotitas, mientras se unÃan aún algunas otras.
La noche se reflejaba dada vuelta en cada una de ellas, y pensé en lo lindo que es tener la oportunidad de ver las cosas de manera distinta.
Cada uno de los colores se esparcÃa en un minucioso puntillismo alrededor de las luces.
Debajo de mis ojos el maquillaje estaba corrido y mi pelo sometido a la voluntad del viento y de la lluvia. Me querÃas de igual manera.
Nos arriesgamos juntos y salimos a escuchar lo que tenÃan para decir, no logramos entender más que cosas bonitas en esa crispida noche.
Esperamos juntos, y sentà que la fuerza de mi abrazo nunca iba a ser suficiente a lo que yo sentÃa que merecÃas.
Brindamos con nuestro burbujeante cariño y nuestras espumosas fantasÃas, brindamos por todo lo que nos querÃamos mientras llovÃa.
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Cabo Polonio, Uruguay – Enero ‘09
2 commentsFeb 15
mucho antes
Me parece que fue el hecho de tener que esperar para cruzar la avenida lo que desató en mà el no aguantar más el llanto. Con mi mano derecha me cubrà los ojos, como quien piensa que por taparse la cara y dejar de ver al resto, es uno mismo el que desaparece. Bueno, exactamente a ese método recurrà yo.
Anticipándome a la caÃda de la lágrima que me habÃa nublado la vista busqué sostener el llanto con mis manos.
No sé cuánto tiempo pasó, pero lloré ajena a mi alrededor.
Busqué el cordón de la vereda y me senté. Me abracé a mis rodillas y el desconsuelo brotó en un largo llanto, uno de esos bien ruidosos, esos mismos que te roban el aliento. Intentando en cada suspiro alcanzar una bocanada de aire más grande, continué intentando secar mis incontables lágrimas.
Entendà que de una forma u otra todo habÃa acabado. Te extrañé antes de perderte.
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Fue una mano la que se posó sobre mi hombro, haciéndome notar que no estaba sola. Me estrechó fuerte el brazo, cerrando sus dedos. No se animó a pronunciar palabra alguna, pero se sentó a mi lado. Miraba hacia el frente, sin abandonar en ningún momento el abrazo. Intenté mirarlo, pero finalmente preferà no darle un rostro a la compasión.
Cuando me calmé, y el llanto parecÃa desaparecer, quedando sólo vestigios a través de esos  fuertes suspiros, cubrió con una de sus manos la punta del cigarrillo, protegiéndolo de la leve brisa primaveral, y logró prenderlo.
Entendà que de una forma u otra todo habÃa empezado. Te amé antes de entenderlo.
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La Paloma, Uruguay – Enero 2009
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